Tradiciones Inventadas: IA, Folclore Sintético y Apropiación Cultural

El ecosistema digital está acelerando el nacimiento de nuevas “tradiciones inventadas”. A través de la lente del “folclore algorítmico”, analizamos cómo la Inte

La inteligencia artificial no crea el folclore de la nada. Como un incansable archivista dotado de capacidades combinatorias sobrehumanas, la IA mezcla fragmentos textuales, estilos visuales y narrativas preexistentes, produciendo nuevas formas que, si se insertan en los circuitos sociales adecuados, pueden transformarse rápidamente en creencias compartidas. El corazón del debate contemporáneo sobre la antropología digital no es si la tecnología puede o no generar historias fascinantes, sino cómo distinguir una nueva tradición – manifiesta y conscientemente declarada como tal – de un mito sintético vendido como memoria histórica auténtica.

La Invención de la Tradición y el Folclore Algorítmico

La idea de que una tradición debe poseer una descendencia milenaria para ser considerada auténtica es, en gran medida, una falacia histórica. En el texto fundacional The Invention of Tradition, los historiadores Eric Hobsbawm y Terence Ranger han demostrado ampliamente que innumerables tradiciones, percibidas por la colectividad como arraigadas e intocables, son en realidad de origen relativamente reciente, a menudo construidas a propósito para crear un sentido de tranquilizadora continuidad con el pasado. Esta conciencia académica es el prisma a través del cual leer el presente: el hecho de que un fenómeno sea "inventado" no significa en absoluto que sea falso o socialmente irrelevante. Las tradiciones inventadas, una vez adoptadas por una colectividad, se vuelven social y emocionalmente reales.

Hoy, este proceso de creación cultural está enormemente acelerado por el ecosistema digital, dando vida a lo que los investigadores denominan Algorithmic Folklore. En una reciente conceptualización publicada en la Open Library of Humanities (2026), el folclore algorítmico se define como un inédito repertorio de géneros y prácticas nacido de la fricción entre la creatividad vernácula de los usuarios y la automatización cotidiana. El algoritmo ya no actúa solo como objeto pasivo para leyendas urbanas, sino que se ha transformado en un medio activo que participa en primera persona en la creación y circulación de los contenidos. El caso del "Crungus", un criptido monstruoso generado por una inteligencia artificial y rápidamente transformado en un meme viral con su propia mitología, demuestra empíricamente la capacidad de la IA de fungir como incubadora para nuevas mitologías populares.

Esta intersección es ya un campo de indagación académica rigurosa. El proyecto cuatrienal ALGOFOLK, llevado a cabo por el Center for Digital Narrative de la Universidad de Bergen, estudia sistemáticamente cómo los motores de recomendación y los modelos de machine learning están dando origen a nuevas prácticas creativas. El fenómeno abarca todo un espectro sociológico, desde las leyendas urbanas sobre las presuntas conciencias de sistemas como GPT-4, hasta las teorías populares conspirativas amplificadas en TikTok, pasando por los memes co-creados en una incesante sinergia entre humanos y redes neuronales.

La Máquina de los Mitos: Límites Culturales y Bases de Datos

Si por un lado la inteligencia artificial generativa puede estructurar formas que reproducen la estética del folclore, por otro lado su efectiva "comprensión" de las raíces culturales permanece profundamente limitada y geopolíticamente desequilibrada. Un iluminador caso de estudio presentado en sede ACL (2025) ha analizado en profundidad el conocimiento de los Large Language Models (LLM) respecto a los relatos populares japoneses y a la compleja taxonomía de los yokai, las criaturas sobrenaturales del folclore nipón. La investigación evidencia que la competencia cultural de estos modelos está casi exclusivamente calibrada sobre las comunidades anglófonas y los paradigmas narrativos occidentales. Cuando se interroga a un modelo lingüístico sobre mitologías no occidentales, tiende a marginarlas, a simplificar brutalmente sus rasgos o a reinterpretarlas a través de lentes culturales completamente ajenas. Esto constituye la prueba técnica de que una inteligencia artificial puede replicar la sintaxis de una forma folclórica sin comprender en modo alguno el contexto social originario, las rígidas funciones rituales o los tabúes inherentes a la narración.

Los esfuerzos académicos por mitigar esta laguna tecnológica se topan con insalvables barreras de muestreo. Un estudio de la Universidad de Edimburgo (2024), centrado en el folclore irlandés y gaélico, ha demostrado que someter los modelos lingüísticos a un continuo pre-training sobre datasets específicos de textos folclóricos mejora significativamente su capacidad de clasificación y representación. Sin embargo, los resultados finales siguen estando fuertemente condicionados por la crónica escasez de datos digitalizados para las lenguas de bajos recursos. La IA puede indudablemente apoyar a las instituciones humanísticas en la clasificación masiva de inmensos patrimonios narrativos, como demuestran los estudios sobre el uso de GPT para anotar estereotipos de género y rasgos culturales recurrentes en los motivos literarios, ámbito en el que la máquina ha alcanzado niveles de coherencia comparables o superiores a los de los anotadores humanos. Sin embargo, clasificar asépticamente una base de datos de cuentos no equivale a interpretar su esencia espiritual, ni a preservar la memoria vital que solo el aliento de una comunidad puede transmitir.

Apropiación Cultural y Colonialismo de los Datos Indígenas

La hibridación entre redes neuronales y patrimonio inmaterial abre escenarios éticos y legales de extrema criticidad, en los que la frontera entre innovación tecnológica y apropiación cultural se difumina hasta desaparecer. El reciente informe Artificial Intelligence and Culture publicado por la UNESCO (2025) lanza un inequívoco llamado institucional: el ecosistema de la IA necesita urgentemente diversidad, transparencia y accountability a lo largo de todo el ciclo de vida de los sistemas informáticos, promoviendo una gobernanza participativa y prácticas de gestión de datos que estén guiadas directamente por las comunidades locales. La organización advierte explícitamente que los algoritmos, cuando están diseñados para imponer una uniformidad estética global o estructurados para amplificar la desinformación por razones de engagement, terminan inexorablemente por debilitar y aplanar la diversidad cultural humana.

Este riesgo adquiere contornos dramáticos cuando toca el patrimonio de las minorías y de los pueblos indígenas. Las nuevas directrices de la UNESCO sobre la soberanía de los datos indígenas en el desarrollo de la IA (2023) reivindican la imprescindibilidad de un consentimiento libre, previo e informado, así como el control comunitario y la participación directa de los pueblos indígenas en la cadena tecnológica. Si un modelo generativo – entrenado raspando archivos históricos no autorizados o diarios etnográficos – comienza a producir a escala industrial "mitologías nativas sintéticas", "antiguos ritos imaginarios" o falsas reproducciones de símbolos religiosos sin ninguna gobernanza por parte de los descendientes directos, no estamos asistiendo a la democratización del arte. Estamos asistiendo a una extracción comercial disfrazada de creatividad.

Como se analiza en un ensayo sobre el International Journal of Cultural Property (2026), la automatización desenfrenada en la digitalización del patrimonio cultural inmaterial conlleva la sombra de un verdadero "colonialismo de los datos". Se ha vuelto crucial, bajo el perfil del derecho internacional, defender el derecho jurídico y moral de las comunidades indígenas a mantener un riguroso control sobre la recolección, el acceso, la interpretación y la reutilización económica de sus propios datos y de su propia memoria.

La pregunta central que intelectuales, sociólogos y legisladores deben plantearse hoy no es si la inteligencia artificial puede inventar una leyenda plausible y atractiva. La verdadera cuestión dirimente concierne a la asignación del poder epistemológico: ¿quién tendrá la autoridad y el capital para establecer que esa leyenda es verdadera, históricamente fundada o culturalmente sagrada? Un modelo generativo puede en pocos segundos generar un monstruo urbano aterrador, escenificar una fiesta imaginaria cuidada en los mínimos detalles y en los cantos, o trazar la falsa genealogía de una familia de símbolos arcaicos. Corresponde, sin embargo, exclusivamente a la compleja red de las relaciones humanas decidir si esa forma estética se transformará en una verdadera memoria compartida, en un juego de rol pasajero, o si se convertirá en el enésimo engranaje venenoso de la desinformación de masas.

El folclore no muere en el momento exacto en que es inventado, hibridado o contaminado; muere únicamente cuando las personas dejan de contarlo, encontrándolo carente de sentido. El riesgo más insidioso que plantea la inteligencia artificial generativa no reside en su inmensa capacidad de crear nuevas e infinitas historias, sino en el potencial de hacernos perder la diferencia fundamental entre una narración que crece orgánicamente junto a una comunidad y una narración sintética que le es subrepticiamente impuesta.

Referencias Bibliográficas y Fuentes

  • [Four Theses on Algorithmic Folklore — Open Library of Humanities, 2026]
  • [The Invention of Tradition — Hobsbawm & Ranger, Cambridge University Press]
  • [ALGOFOLK: Algorithmic folklore — University of Bergen, Center for Digital Narrative]
  • [Do Large Language Models Know Folktales? A Case Study of Yokai in Japanese Folktales — Findings of ACL, 2025]
  • [Evaluating and adapting large language models to represent folktales — University of Edinburgh, 2024]
  • [Using Large Language Models to Classify Cultural Heritage]
  • [Artificial Intelligence and Culture — UNESCO, 2025]
  • [New report and guidelines for Indigenous data sovereignty in AI developments — UNESCO, 2023]
  • [Indigenous data sovereignty in intangible cultural heritage governance — International Journal of Cultural Property, 2026]

Artículo a cargo de la Redacción de La Bussola dell’IA